Anillo.

En julio de dos mil diez, mis padres nos anunciaron que se iban a separar.
Hoy, algún día de abril de dos mil once, mi padre sigue llevando el anillo.


Yo me lo esperaba. Estaba harta de tener que encerrarme en mi habitación cada vez que mis padres empezaban una discusión (“¡Me has amargado la vida!” gritó mamá alguna vez a papá). En realidad, creo que casi me alegré de que se separaran. Fue uno de los pensamientos más mezquinos que he tenido en toda mi vida.
Pero el tiempo puso una bomba dentro de mi cuerpo que explotó a los pocos meses, cuando, de repente, asumí toda la realidad. Y lloré. Lloré durante varios días. Ni siquiera tenía ganas de ir a clase, y cada día llegaba más tarde. Me conectaba a Internet para desahogarme y buscar algo con el fin de intentar animarme. Pero, como todo, el tiempo también me dio el remedio y poco a poco me fui acostumbrando a la idea. Pero hoy afloró una pequeña parte de esa tristeza.

En julio de dos mil diez, mis padres nos anunciaron que se iban a separar.
Hoy, algún día de abril de dos mil once, mi padre sigue llevando el anillo.

Apenas unos días después de anunciarlos, papá se fue de casa. Pasamos nuestro verano salteado entre la casa de mi madre y la de mi padre. No me gusta decir que una vez intenté herir a mi madre yéndome a casa de mi padre sin decir nada tras una discusión (lo conseguí, y también una gran sensación de culpabilidad y arrepentimiento).
En noviembre consiguieron solicitar el divorcio oficial y, finalmente, en marzo, el divorcio fue aprobado. Se estableció que los hijos tenían que pasar una semana en casa de cada uno, amén de mitad de vacaciones. Mi madre me recibió (acababa de llegar de clase) con una gran sonrisa de alegría. Nunca la había visto tan feliz. Yo fingí una sonrisa, le dijo “Me alegro” y me subí a mi habitación, dónde cerré la puerta.

En julio de dos mil diez, mis padres nos anunciaron que se iban a separar.
Hoy, algún día de abril de dos mil once, mi padre sigue llevando el anillo.

La vida con mi familia ya no es nada igual a cómo era antes. Mi madre sale con sus amigos cada semana y cada día se aleja más de mi hermano pequeño y de mí. Cada vez que la veo, tengo discusiones con ella. Ella piensa que lo hago aposta, que quiero amargarle la vida. Pero no es cierto. A mí me amarga mucho más todo lo que ella me dice. Me duele tener que discutir con ella en cada comida o en cada cena (las únicas veces en el día que nos vemos). Pero, sin embargo, no quiero colocar a mi madre de mala de la película.
Y, respecto a mi padre… él tiene novia. La conoció en Navidad. La invitó a casa a pasar las Navidades con nosotros sin decirnos nada. Durante los días siguientes, nos concedió hasta el mínimo capricho, quizá cómo una forma de que pasáramos aquello sin tanto escándalo. Pero no fue hasta pasado Año Nuevo que nos dimos cuenta de que eran pareja formal. Aquello nos sentó, a mi hermano y a mí, como una patada en la boca del estómago. Dentro de unos meses, vendrán los hijos de su novia (son de Brasil) a España para vivir con nosotros. Tengo miedo de que nos reemplace…

En julio de dos mil diez, mis padres nos anunciaron que se iban a separar.
Hoy, algún día de abril de dos mil once, mi padre sigue llevando el anillo.

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