Me gusta pasarme las tardes muertas sentada en la terraza de casa de mi padre, con la música de Joe Hisaishi sonando. El Sol acariciando mi cara, y el viento agitando mi pelo. Esos son los momentos en los que el mundo deja de ser la bolsa de basura habitual para convertirse en un lugar… agradable.
A decir verdad, yo creo que tengo miedo del mundo, y, por eso, me refugio en el odio. Y trato de justificar el odio con todos los males que provocan otras personas. Pero sigue siendo miedo. Un miedo terrible y atroz al mundo y a las personas que lo habitan. Sobretodo a las personas.
Sigh… creo que, simplemente, soy una cobarde infantil.



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