Hoy, buscando algo que colgar, he decidido buscar entre escritos antiguos. La verdad es que en el portátil no tengo demasiado escrito, pero bueno. Es un texto que no llegué a terminar. Iba a ser para un concurso de relato breve de mi instituto (concurso en el que al final no participé), pero la idea fue tan larga que no me creí capaz de resumirla en tres folios con interlineado doble. En fin.
Antes de nada, decir que la idea no es original mía. Está basada en una de mis canciones favoritas de Vocaloid: Dark Woods Circus, con algunos detalles míos.
EL CIRCO DEL BOSQUE OSCURO.
Dicen que en lo más profundo del bosque, se esconde un circo. Dicen que sólo se puede encontrar al atardecer, y sólo lo puede encontrar aquella persona que no sabe a dónde va.
Dicen que en él se encuentran las maravillas más fantásticas, pero también las monstruosidades más horrendas.
El viento silbaba entre los árboles. La chiquilla (de unos siete u ocho años) caminaba, abrazándose a sí misma y mirando a todos los lados. Su miedo era capaz de palparse en el aire. Los cuervos graznaban amenazadoramente, como intentando espantar a la niña. En ese mismo, la muchacha chocó con un cartel. Al alzar la cabeza pudo leer:
CIRCO DEL BOSQUE OSCURO
Ciento cincuenta pasos en línea recta.
La chica dio un respingo, con los ojos brillantes. ¡Quizá allí podrían decir cómo volver al pueblo! Sonrío, con la esperanza recobrada, y empezó a correr hacia un camino que se adentraba aún más entre los robles.
La carpa era roja y blanca, típica de circo, bastante vieja, y roída por algunas partes. En el exterior, junto a la entrada, un rótulo con letras cursivas anunciaba al circo. Y, a su lado, un hombre con un sombrero de copa que le tapaba la cara tocaba el acordeón. La niña se acercó a él, dubitativa.
-Disculpe…-empezó, algo insegura.- ¿Podría decirme cómo llegar a mi pueblo…?
El hombre alzó la cabeza, sonriendo, pero sin dejar que todavía se la vieran los ojos.
-¿Tu pueblo? –Sonrió, enseñando los dientes. Eran triangulares y serrados, como un tiburón a punto de abalanzarse sobre su presa- ¿No te gusta el circo?
-Yo… Yo… -La niña no sabía que responder.- P-Pues sí que me gusta, claro…
-Entonces, ¿por qué no entras? Seguro que lo pasas bien. –Dijo el hombre. Luego, extendió una mano y abrió la entrada a la carpa para la chiquilla.- Cuando lo termines de ver, te diré cómo llegar a… tu pueblo.
La mirada de la niña se iluminó momentáneamente, mientras se dirigía a la boca del circo. Antes de entrar, volvió la cabeza un momento al hombre, pero no lo encontró. La música del acordeón no dejaba de sonar.



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